Bordar, caminar o bailar para desarrollar investigaciones sociales

Bailar, cocinar, bordar y caminar son cosas que hacemos a menudo, por gusto, a solas o en compañía. A través de la historia, han sido sobre todo las mujeres quienes han compartido estas actividades, aprovechando el espacio para hablar de sus vidas, compartir experiencias y crear lazos. Sin embargo, la académica Paola Jirón, de la Universidad de Chile -así como muchas otras en Latinoamérica- quiso experimentar con estas técnicas para ver si es posible utilizarlas en la investigación territorial. 

Con este fin, organizó una semana completa de talleres experienciales en el marco del doctorado de Territorio, Espacio y Sociedad (DTES) de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de esta universidad e invitó a su colega colombiana Tania Pérez-Bustos, de la Universidad Nacional de Colombia, quien recientemente publicó el libro “Gestos Textiles”, conversaciones entre bordadoras, artistas y etnógrafas al son de hilos, tijeras, agujas y telas, para acercarse a los cuerpos y sus historias.

La antropóloga feminista ha utilizado el trabajo textil para indagar en las experiencias de mujeres víctimas del conflicto armado en Colombia, personas expuestas a escuchar relatos de guerra, o encuentros entre mundos tan diversos como el académico y el de artesanas textiles, “Me interesa el trabajo transdisciplinar para desde allí explorar metodologías que posibiliten investigaciones y pedagogías transformadoras”, dice en su web taniaperezbustos.cl

De ahí que Pérez-Bustos haya dado el puntapié inicial a esta semana de experiencias en el conversatorio ¿Cómo adaptamos metodologías alternativas a las tesis doctorales?  Su conversación con la geógrafa Yasna Contreras y la artista visual Paula Salas, introdujo a las y los doctorantes a toda la serie de experiencias que vivirían en los días siguientes. 

¿Se pueden usar el bordado, la caminata o el baile como herramientas de investigación?

“A partir del enfoque feminista empiezan a surgir ciertas formas de abordar investigaciones más situadas, más comprometidas, que realmente permitan interactuar, co-producir conocimiento” señala Paola Jirón, aclarando que, sin embargo, algunas técnicas que aparecen como nuevas o innovadoras muchas veces se incorporan sin una reflexión más amplia o no se traducen en conocimiento.  

Las académicas explican que este tipo de metodologías surge para acercarse a otras formas de investigación que permitan romper con el lugar de autoridad que ocupa quien investiga, permitiéndole acercarse a la persona que compartirá información. Pero luego hay que tener claro que la responsabilidad de producir información es de quien está investigando quien, además, debe hacerse cargo de las implicancias que la experiencia tiene para quienes participaron en sus procesos de búsqueda de información. 

“Buscar no intervenir es una ficción. Siempre intervenimos, usando la metodología que sea. La entrevista por ejemplo es una tecnología que pregunta, moviliza, transforma, genera incomodidad. Debo tener la respons-habilidad de ser capaz de responder por lo que le pasa a la otra persona” indica Pérez-Bustos. Para explicar esto da el ejemplo de un estudio que llevó a cabo en su país para indagar cómo el cuerpo de las personas que escuchan relatos de guerra está afectado, “esas personas decían, este fue un espacio terapéutico, de contención, necesito venir. Y en esa dimensión fue suficiente”, indicó.  

Y así ocurrió con la serie de talleres de experimentación. Los espacios de trabajo colectivo que permitieron “pensar con las manos”, conectarse con otros y otras a través del cuerpo y las emociones, encontrar narrativas comunes expresadas en las distintas técnicas, sirvieron porque se desarrollaron en espacios cuidadosos, formas cariñosas y seguras para quienes estaban participando.  

Una caminata colectiva por Plaza Dignidad 

“Invitó a registrar la vivencia en un “diario móvil” que permitió generar conciencia de la experiencia de la caminata y de los temas que fueron apareciendo. Entendimos que nunca caminamos solos, caminamos con otros, con nuestros recuerdos, con ciertas posturas o prendas que nos hacen sentir seguros. Esto nos permitió abordar los conceptos de cuerpo, espacio y tiempo, reconocer experiencias comunes, revivir memorias, pensar en el pasado, el presente y el futuro”. 

Karen Seaman, directora de la Reconquista Peatonal y encargada del taller. 

Ensamblando vidas en un collage

“Hicimos un trabajo visual intuitivo y exploratorio. Aparecían palabras, colores, imágenes, las mismas participantes en distintos roles, sus ancestros, sus luchas. Luego las experiencias individuales se conectaban y aparecía una narrativa común. Esos encuentros en el montaje de las imágenes y las intersecciones que se comparten diversifican las posibilidades de nuestras investigaciones, pues encontramos vinculaciones que no habíamos visto, sin el rigor lingüístico”. 

Rita Torres y Kathya Moron, encargadas del taller. 

Una cartografía textil bordada

“Pedimos que trajeran una cobija propia que tuviera una fuerte conexión con sus cuerpos -olores, formas, evocaciones-. Luego, que se conectaran con cómo se siente en el cuerpo escuchar los relatos de sus investigaciones. Nos permitió entender la responsabilidad que tenemos que poner en las investigaciones y cómo crear un sistema que cuida. Y siempre tenemos que preguntarnos para qué sirve todo esto, pues los talleres son parte de un proceso de investigación, no son la investigación en sí misma”.

Tania Pérez-Bustos, encargada del taller

Reviviendo el espacio del juego

“Jugamos a la escondida sardina y saltamos la cuerda. El juego tiene un componente corporal importante que permite sentir y pensar el espacio de otra manera. También nos permite introducir el tema de la infancia. Además, en un contexto de juego la gente se relaja. Pero como metodología servirá o no dependiendo del tema que estés investigando.” 

Susana Cortés-Morales, encargada del taller

Cantos y tambores para pensar el cuerpo y el territorio

“Sentimos nuestros cuerpos, juntamos unos cuerpos con otros. Esto sirvió para pensar los diversos lugares que cada uno ocupamos con nuestras historias de vida. Podemos ponernos en el lugar del otro a partir de una corporeidad. Tal vez nunca sabremos que lo que siente una persona migrante, una persona negra en Chile, pero nos podemos relacionar a través del baile”.

Carolina Dos Santos, encargada del taller. 

Escritura autobiográfica

“Partimos con lecturas. Por ejemplo, leímos a una mujer filósofa mapuche, lo que nos permitió vincular interseccionalidad y biografía, es decir, ir más allá desde la experiencia de ser mujer e intersectarla con otras dimensiones, con otros ejes. Luego relatamos desde mirarnos a nosotras mismas, a nuestra historia, a nuestra sociedad, porque como investigadoras estamos siempre mirando a otros. Además, así podemos entender conceptos abstractos desde la experiencia cotidiana”.

Catalina Arteaga, encargada del taller. 

Revolvamos la olla

“Fue el último taller de una semana que había estado intensa en conversaciones, encuentros y expresión de sentimientos. La idea era compartir recetas relacionadas con historias familiares, lo que fue una buena forma de integrar pasado, presente, futuro y otros ejes de nuestra interseccionalidad. Esto tiene que ver con cómo generar una investigación de manera cuidadosa, ya que la comida nos acerca a espacios de diálogo, de intimidad”. 

Manuel Corvalán, encargado del taller

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