Opinión: Ni camiones aljibe, ni plantas desalinizadoras; la urgencia de garantizar agua continental para el consumo humano por sobre las industrias

El 11 de abril, una publicación del Mercurio utilizó los datos de nuestra investigación sobre el abastecimiento de agua por camiones aljibe en la provincia de Petorca, para justificar la construcción de plantas desalinizadoras para la producción de agua potable. El argumento se basa en que la producción de agua potable a partir de la desalinización del agua de mar es más barata que el transporte de agua continental mediante camiones aljibe. En este sentido, se propone que las APR en zonas que sufren por la sequía se abastezcan mediante plantas desalinizadoras, una estrategia que últimamente se promueve  como la mejor solución para mitigar los impactos de la escasez hídrica, y que está amenazando el consumo humano a lo largo y ancho del país. Si bien la desalinización puede ser una opción más barata que los camiones aljibe para el abastecimiento de comunidades con agua potable, como equipo de investigación experto en temas hídricos, tenemos la necesidad de dejar claros los siguientes puntos, todos apoyados de resultados de investigaciones internacionales y propias:

  1. No tiene sentido comparar económicamente el abastecimiento mediante camiones aljibe con la desalinización de agua de mar, ya que la primera es una medida de emergencia y la segunda una tecnología que apunta al abastecimiento a largo plazo, por lo que lógicamente sería más barata. El abastecimiento de la población con agua continental (agua dulce superficial o subterránea) por medio de cañerías siempre será más barato que cualquier otra solución, y no sólo en términos económicos, sino también es beneficiosa en términos culturales, ambientales y de salud. Cabe recordar que cuando el  Gobierno compró derechos de agua el 2019 para abastecer a APR en la Provincia de Petorca, pagó 6 millones de pesos para un derechos de 1 l/s; según el reportaje del Mercurio, la planta desalinizadora que se propone para la misma Provincia implica una inversión de US$ 180 millones para producir 1200 l/s, que equivale a más de 120 millones de pesos para la producción de 1 l/s.
  2. En esta línea, las alternativas al abastecimiento por camiones aljibe deben apuntar a garantizar el acceso de las APR a fuentes de agua continentales propias y cercanas. Los altos costos que implica una planta desalinizadora están asociados a su construcción, funcionamiento y mantención (consumo energético, filtros de recambio e insumos químicos, entre otros), y del transporte del agua producida a los hogares. Esto es más importante aún, si consideramos que el costo de la producción de agua desalinizada depende del precio de los combustibles fósiles que predominan en la matriz energética del país y su precio está en auge. Si es necesaria la desalinización, que consideramos debe ser la última medida a plantear, que sus gastos los paguen los sectores productivos y no la ciudadanía (agua desalinizada para la minería y la agricultura y no para consumo humano). 
  3. El alto consumo energético de las plantas desalinizadoras significa que su funcionamiento implica la emisión de gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático, el mismo fenómeno al cual se atribuye la falta de agua. Además, el proceso de desalinización tiene impactos en ecosistemas marinos locales; si bien las tecnologías van mejorando, es inevitable que su aplicación a gran escala no impacte a las comunidades locales de pescadores y comunidades que dependen del bienestar de los ecosistemas marinos.
  4. También es importante considerar que la OMS sugiere que haya una normativa especial para el uso del agua desalinizada para consumo humano, algo que no sucede en Chile. A nivel nacional, se aplica la normativa NCh409 para la calidad de agua potable, la cual contempla a aguas continentales, y define niveles máximos de concentración de varios elementos, pero no mínimos; el agua desalinizada es producida artificialmente, por lo que se debe garantizar que se añaden en concentraciones suficientes todos los elementos que contienen las aguas continentales. Un estudio realizado en localidades costeras de Israel que llevan décadas tomando agua desalinizada, demuestra que se han aumentado los paros cardíacos por falta de magnesio, un elemento que se encuentra en aguas continentales, pero es muy caro para añadir al agua desalinizada. 
  5. Finalmente, debemos cuestionar el por qué se promueve la desalinización como la panacea ante la escasez hídrica. En Antofagasta, la planta La Chimba se construyó para abastecer a las ciudades costeras de Antofagasta y Mejillones porque la minería necesitaba del agua dulce que se consumía en estas localidades. Desde el funcionamiento de la planta la gente toma agua desalinizada, y la empresa sanitaria vende el agua cordillerana a las empresas mineras. En Petorca, se propone desalinizar agua para el abastecimiento de agua potable para proteger los derechos de agua de los grandes agricultores y no dejar en evidencia el fracaso del Código de Aguas. Recurrir a la desalinización como solución a la escasez hídrica significa que el agotamiento y la contaminación de nuestras fuentes de agua continentales no nos enseñó nada. 

El principal resultado de nuestro estudio es que la escasez de agua que sufre el país se atribuye en gran medida a la acumulación de derechos de aprovechamiento por parte de actores con poder económico y político. Nuestra propuesta frente a esta situación no es producir más agua desalinizando el mar, sino hacer una mejor repartición del agua que queda disponible. La real solución a la escasez en Chile es una reforma hídrica radical con miras a la justicia social y la protección ambiental, y no la creación de un nuevo mercado multimillonario alrededor de la desalinización, como una nueva oportunidad de inversiones extranjeras a propósito de una tragedia socioambiental. Ni los camiones aljibe, ni las plantas desalinizadoras, ni la carretera hídrica resolverán el problema hídrico del país. Debemos cambiar de mentalidad, y en vez de buscar nuevas fuentes y megaproyectos hídricos, adaptar nuestras vidas y desarrollo al agua disponible, reconsiderando el carácter extractivista y depredador de la economía chilena, y revisar radicalmente el modelo de gestión y propiedad de aguas en base a los derechos de aprovechamiento. En otras palabras, el enfoque debe ser en la protección, conservación, y recuperación de las fuentes terrestres de agua, mientras se deben revisar y revocar los derechos de aprovechamiento de aguas que se cedieron desde hace 4 décadas bajo condiciones hidroclimáticas, demográficas y económicas radicalmente distintas a las de hoy, en vez de basarse en soluciones tecnológicas con infraestructura que las comunidades no pueden sostener ni mantener en el tiempo.

Es sumamente urgente decidir si queremos transformar todo el país en una gran zona de sacrificio, lleno de mega-infraestructuras (plantas termoeléctricas, hidroeléctricas, y desalinizadoras) necesarias sólo para sostener a plantaciones y minas que en realidad son insostenibles.

Es sumamente urgente decidir qué es más importante para el futuro de nuestro territorio: los paltos, los pinos, el cobre y el litio, o asegurar agua de calidad para el presente y porvenir de las comunidades y ecosistemas.

  • Maria Fragkou, Departamento de Geografía, Universidad de Chile
  • Tamara Monsalve, Geógrafa, Universidad de Chile
  • Vicente Pereira Roa, Geógrafo, Universidad de Chile 
  • Maximiliano Bolados Arratia, Magíster en Geografía, Universidad de Chile

 

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