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Vivir en una atmósfera irrespirable

Vivir en una atmósfera irrespirable

Estamos tan acostumbrados a una pésima calidad de vida urbana que no sólo nos hemos ido adaptando fisiológicamente a ello (se ha comprobado la reducción de la capacidad de respiración de los niños de Santiago en comparación con los que habitan otras ciudades del país), sino que además hemos perdido la capacidad de asombro. Peor aún, año a año se adoptan decisiones urbanas que favorecen el aumento de las fuentes contaminantes, que, como se sabe consisten en la circulación vehicular y en el funcionamiento de las industrias, las chimeneas domésticas y algunos compuestos orgánicos aportados por fuentes puntuales tales como servicentros o especies vegetales específicas. Cuando se han adoptado decisiones tales como la ampliación de los límites urbanos contenidos en las modificaciones del Plan Regulador Metropolitano, se ha reclamado por la falta de evaluación ambiental de dichas medidas. El aumento de las distancias y tiempos de viaje entre los cada vez más alejados centros de servicios y las áreas residenciales de la población implica necesariamente un mayor consumo de combustible, que es la principal fuente de los contaminantes contenidos en la atmósfera. Sin embargo, el aumento del número de vehículos que conforma el parque automotriz de Santiago es presentado como signo evidente de desarrollo económico, sin detenerse ni un momento a reflexionar sobre los efectos socioambientales que ello implica. Las dificultades no resueltas en el sistema de transporte colectivo han significado un formidable estímulo a la adquisición de automóviles privados sin que nadie asuma sus efectos sobre la calidad del aire. Tampoco se considera la invitación que para la adquisición y uso del transporte privado ha significado inauguración de autopistas, la saturación del Metro o la carencia de vía exclusiva que faciliten la descongestión de las avenidas por las que se movilizan los buses y la mayor cantidad de la población.

Adicionalmente, se eliminan sistemáticamente áreas cubiertas por vegetación o que participan activamente en la descontaminación de la ciudad al filtrar el aire, reciclar ciertas substancias nocivas o mitigar las islas de calor. Estas últimas son uno de los resultados inmediatos de la urbanización de áreas agrícolas y sitios naturales y, además de elevar la temperatura de las ciudades y sumarse al proceso global de calentamiento que sufre el planeta, generan zonas de convergencia de las plumas de aire contaminado, por lo cual la geografía de las partículas y micropartículas en suspensión y los gases que afectan la salud, se concentran en el sector poniente de la ciudad, excepción hecha del ozono troposférico que lo hace en las áreas del oriente.

Santiago, como la mayor parte de las ciudades chilenas, se localiza en una cuenca ambiental, cercada por montañas que impiden el ingreso de masas de aire depuradoras y cuya atmósfera extraordinariamente estable tiene como causa el descenso de aire de las alturas y por ello, el desarrollo de capas de inversión térmica de subsidencia, que se acoplan en los días fríos de otoño e invierno a inversiones de superficie. Las primeras impiden la generación de turbulencias que remuevan la contaminación y la trasladen fuera de la cuenca y las segundas, concentran la contaminación en las cercanías del suelo. Las condiciones topoclimáticas de la cuenca de Santiago se reproducen con mayor o menor semejanza en la mayoría de las ciudades chilenas y constituyen un obstáculo insoslayable que obliga a mantener bajo control la concentración espacial de las fuentes de polución. De no ser así, todas las ciudades chilenas son altamente vulnerables, como lo demuestran los altos índices de contaminación registrados en Coihayque y Temuco, en la medida que no se controla el funcionamiento de las chimeneas domésticas.

La contaminación atmosférica constituye un síntoma indudable de degradación ambiental que se relaciona directamente con la localización, estructura y funcionamiento de las ciudades. También se trata de un problema socioambiental, de tal forma que las poblaciones más afectadas por la contaminación atmosférica de Santiago se ubican especialmente en comunas que se encuentran en el poniente de la ciudad, que acumulan más calor en sus superficies edificadas, que carecen de áreas verdes y que concentran las actividades industriales. Las plumas de contaminación generadas por la circulación y congestión vehicular, en el centro y oriente de la ciudad son sistemáticamente trasladadas desde estas últimas zonas hacia el poniente a través de un complejo sistema de vientos y brisas locales que compensan las diferencias de temperaturas superficiales. Se trata de una injusticia ambiental, de la cual existe reciente constancia a raíz de las investigaciones sobre climatología urbana desarrolladas por el Laboratorio de Medio Ambiente y Territorio del Departamento de Geografía. Contando con los fondos provenientes de proyectos Fondecyt, durante los últimos años se han instalado instrumentos de medición de temperatura, humedad y vientos en los diferentes barrios de Calama, Antofagasta, Santiago, Valparaíso, Chillán y Concepción. Los datos recopilados son asociados espacialmente con los tipos de usos y coberturas de los suelos, que son captados por imágenes satelitales y procesados en sistemas de información geográfica. Mediante programas estadísticos multivariados las informaciones directas y remotas son relacionadas con los parámetros registrados por las estaciones meteorológicas y de contaminación de que disponen la Dirección Meteorológica de Chile, Dirección General de Aguas, Instituto de Investigaciones Agropecuarias, Ministerio de Salud y centro Nacional de Medio Ambiente, para ir desarrollando los primeros diagnósticos que dilucidan las formas en que la expansión de las ciudades y la urbanización de terrenos previamente ocupados por cultivos, humedales o bosques han sido transformados en fuentes de contaminación atmosférica. La esperanza es que las modificaciones en la legislación medioambiental, incorporen efectivamente la Evaluación Ambiental Estratégica de los Planes de Ordenamiento Territorial, como también de los grandes proyectos inmobiliarios, instalación de centros comerciales, construcción de autopistas, áreas de protección y conservación de la naturaleza, sitios de recreación. Otro tanto corresponde a los diseños urbanos y a la materialidad de los objetos urbanos. Hacer que el aire vuelva a ser respirable es una tarea de todos y especialmente de la comunidad de esta Facultad.

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