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Arquitecturas temporales: diseñar para responder a las emergencias y transformar los espacios

Arquitecturas temporales: diseñar para las emergencias y transformar

Terremotos, incendios, inundaciones, pandemias y otras situaciones de emergencia han puesto a prueba, en distintos momentos, la capacidad de las ciudades para responder rápidamente a necesidades que no siempre pueden esperar la construcción de una infraestructura permanente. Hospitales de campaña, centros de vacunación, viviendas de emergencia, campamentos y otras soluciones transitorias forman parte de una arquitectura cuya principal característica es precisamente su capacidad de adaptarse al tiempo y a las circunstancias.

En Chile, esta dimensión cobra especial relevancia. La exposición del territorio a amenazas naturales y la ocurrencia recurrente de emergencias han obligado a desarrollar respuestas que permitan habilitar espacios de manera rápida y eficiente, para luego transformarlos, desmontarlos o darles un nuevo uso.

“Existe el urbanismo efímero, que por ejemplo considera los campamentos que hay que montar luego de un terremoto o de una catástrofe, para después dar paso a viviendas de emergencia y después dar paso a vivienda permanente”, explica Gabriela Manzi, académica del Departamento de Arquitectura de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile (FAU) y coordinadora académica del Diplomado en Arquitecturas e Instalaciones Temporales.

La experiencia de la pandemia permitió observar de manera concreta esta capacidad de respuesta. Durante ese período, la FAU participó en el montaje de un hospital de campaña en el Hospital Sótero del Río, transformando parte de sus estacionamientos para responder a la emergencia sanitaria.

“Se montó en 10 días. Fue una experiencia única”, recuerda la Profesora Gabriela Manzi. La experiencia también permitió evidenciar uno de los desafíos de este tipo de infraestructura: qué ocurre cuando aquello que fue concebido como temporal permanece más allá de la emergencia para la cual fue diseñado. “Uno de los problemas que tiene la arquitectura temporal es que, por ejemplo, el hospital de campaña todavía está parado y ya no se usa como tal, sino que se usa para bodegaje”, señaló la académica.

La condición temporal, por tanto, no significa necesariamente menor complejidad. Por el contrario, proyectar un espacio destinado a existir durante horas, días o meses exige anticipar con precisión cada una de sus etapas, desde su instalación hasta su desmontaje.

“Para diseñar algo que va a permanecer muy poco hay una planificación estratégica. Se trabaja en equipo, se tiene que saber dónde se va a montar, cuánto tiempo durará y cuánto tiempo demorará también el desmontar”, explica Manzi. A ello se suman permisos, coordinación logística, seguridad, recursos humanos y materiales, especialmente cuando las intervenciones se realizan en espacios públicos.

“Requiere de una planificación muy exacta y con mucha anticipación”, enfatiza Gabriela Manzi, destacando además la necesidad de trabajar con equipos interdisciplinarios y desarrollar una alta capacidad de gestión.

Arquitectura temporal al servicio del arte y la experimentación

Pero las arquitecturas temporales no se limitan a responder frente a situaciones de emergencia. También pueden modificar por un período acotado la manera en que las personas experimentan un espacio. Exposiciones, festivales, intervenciones urbanas, instalaciones de luz y sonido, paisajes comunitarios y otras iniciativas utilizan la temporalidad como una herramienta para producir nuevas experiencias.

En estos casos, el espacio deja de ser solamente un soporte físico para convertirse en parte de un acontecimiento. Una instalación puede transformar una plaza, un edificio o una calle durante unas horas; un pabellón puede construir una experiencia expositiva; una intervención urbana puede activar un lugar y generar nuevas formas de encuentro entre quienes lo habitan.

“Una de las tipologías de las arquitecturas temporales ofrece esta oportunidad de crear una experiencia. Son generalmente experiencias urbanas, musicales, comerciales o artísticas que, de alguna manera, transforman el espacio para generar una experiencia sensorial”, plantea Manzi. A su juicio, estas intervenciones pueden producir además una dimensión colectiva que permanece en la memoria de quienes participan de ellas.

La dimensión comunicacional resulta, en este sentido, fundamental. Una arquitectura temporal no solo organiza un espacio, sino que también construye un mensaje y propone una determinada manera de relacionarse con el acontecimiento.

“Uno podría decir que la arquitectura efímera tiene una capacidad de celebración, que yo diría que es una capacidad protagónica y única que tiene la arquitectura temporal”, sostiene la académica. Esta dimensión se encuentra presente desde los propios orígenes del habitar, cuando las comunidades nómades construían espacios destinados a trasladarse junto con ellas.

La temporalidad también ha acompañado históricamente rituales, celebraciones y manifestaciones culturales. Fiestas, encuentros comunitarios, actividades artísticas y acontecimientos públicos requieren de espacios capaces de construirse y transformarse para responder a necesidades específicas. En todos estos casos existe una dimensión comunicacional: qué se quiere transmitir, a quiénes y mediante qué experiencia espacial.

“Siempre conlleva una comunicación que es estratégica”, afirma Manzi.

Esta convergencia entre arquitectura, comunicación, paisaje, iluminación, sonido y gestión cultural es precisamente el campo que aborda el Diplomado de Postítulo en Arquitecturas e Instalaciones Temporales de la  FAU. El programa busca entregar herramientas para diseñar, gestionar y producir espacialidades efímeras, especialmente en espacios públicos, integrando las dimensiones proyectuales, comunicacionales y productivas que requiere este tipo de intervención.

Durante 16 semanas, el programa desarrolla cinco workshops centrados en Comunicación Estratégica, Exposición, Paisajes Comunitarios, Instalaciones Intangibles y Producción y Gestión. La propuesta combina contenidos teóricos y ejercicios prácticos, con un enfoque interdisciplinario que permite abordar un proyecto desde su conceptualización hasta su materialización.

La formación está dirigida a profesionales y licenciados vinculados a ámbitos como la arquitectura, diseño, artes visuales, gestión cultural, diseño teatral, comunicación, producción de eventos y otras disciplinas relacionadas, incluyendo profesionales que se desempeñan en municipios, ministerios, centros culturales, museos, galerías, productoras y estudios de arquitectura e interiorismo.

Más que una categoría asociada exclusivamente a lo pasajero, las arquitecturas temporales plantean una forma particular de proyectar: anticipar escenarios, coordinar múltiples disciplinas, responder a necesidades concretas y comprender que un espacio también puede adquirir valor por la experiencia que produce durante el tiempo limitado en que existe.

En un contexto marcado por emergencias que requieren respuestas rápidas, pero también por una creciente demanda de experiencias culturales, intervenciones urbanas y nuevos espacios de encuentro, la capacidad de diseñar lo temporal adquiere una dimensión que trasciende su duración. Como plantea Gabriela Manzi, se trata de espacios que pueden desaparecer físicamente, pero cuya experiencia y significado pueden permanecer en la memoria colectiva.

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