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Día Nacional sin Automóvil: el desafío de construir ciudades donde no depender del auto sea una opción real

Día Nacional sin Automóvil: el desafío de construir ciudades donde
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Menos congestión vehicular y una mejor calidad del entorno urbano son algunos de los efectos asociados a una menor dependencia de los vehículos motorizados.

Diariamente, millones de desplazamientos ocurren por las calles de Chile y gran parte de ellos se realizan en automóvil. Este medio de transporte está asociado a consecuencias como la congestión vehicular, la contaminación acústica y atmosférica, el gran uso del espacio público destinado a estacionamientos y carreteras. Sin embargo, ¿qué cambiaría si una parte considerable de esos viajes se realizara de otra manera?

En el marco del Día Nacional sin Automóvil, iniciativa establecida en Chile desde 2018 y que se celebra el último viernes de septiembre, la Escuela de Postgrado de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) de la Universidad de Chile propone reflexionar sobre esta fecha y preguntarnos cómo se transformaría el espacio urbano y nuestra calidad de vida si existieran mejores condiciones para desplazarnos sin depender en gran medida de vehículos motorizados.

Rodrigo Mora, profesor asociado del Departamento de Urbanismo y del Magíster en Urbanismo de la FAU de la Universidad de Chile, señala que disminuiría la siniestralidad en nuestro país y que el espacio urbano sería un entorno más seguro para la ciudadanía, considerando que cada año mueren cerca de 1.000 personas atropelladas en Chile. Además, asegura que tener menos automóviles transitando por las calles o haciendolo más despacio significa, en general, menos ruido, menos contaminación y más espacio para desarrollar otro tipo de actividades.

Sin embargo, para que esto ocurra, el académico señala que es necesario que estas alternativas sean seguras, por un lado, y eficientes, por otro. “La seguridad tiene dos grandes dimensiones. La primera es la seguridad física: que a uno no lo atropellen, que no se caiga en el caso de las veredas. Y la segunda es la seguridad delictual: que uno no sea asaltado o pueda desplazarse con tranquilidad. La segunda característica es que sea eficiente. No saco nada con tener una ciclovía si tengo que caminar cinco cuadras para llegar a ella. Lo mismo pasa con el transporte público. Sobre todo, necesitamos que sea eficiente y que me permita llegar a mi destino en el tiempo que más o menos considerado para ese viaje”, señaló Mora.

Asimismo, la menor presencia de vehículos motorizados podría significar un cambio tanto en la movilidad como en la forma en que se utilizan las calles, abriendo nuevas posibilidades para desarrollar un espacio urbano pensado para peatones, ciclistas y transporte público. De igual forma, una menor congestión vehicular contribuye a mejorar los tiempos y las condiciones de desplazamiento.

Para que esto ocurra, el académico señala que no necesariamente se requiere que existan menos automóviles. En países como Holanda, Alemania o Dinamarca existen más automóviles por cada mil habitantes que en Chile. Lo que resulta necesario, plantea, es racionalizar su nivel de uso.

“Es necesario que las personas utilicen esta opción para trámites poco esenciales. Por ejemplo, que ir en micro, caminando o utilizar el transporte público al trabajo o al lugar de estudio sea igual o más efectivo que hacerlo en auto. Este último, en cambio, puede destinarse a los fines de semana, cuando hay que hacer compras, trasladar a otras personas o realizar viajes largos”, señaló Mora.

Sin embargo, el académico advierte que reducir la dependencia de los vehículos motorizados no radica únicamente en una decisión individual. La manera en que se planifican las ciudades, la disposición de los lugares de trabajo y servicios, junto con la seguridad y disponibilidad del transporte público y de la infraestructura peatonal y ciclista, condicionan la elección de las personas al momento de decidir cómo movilizarse.

“La idea es que el auto no sea el modo por defecto para moverse por la ciudad, sino que uno pueda elegir entre transporte público, metro, sistemas combinados, bicicleta, caminata o auto, y que todas esas alternativas sean eficientes para llegar al destino. Que uno no esté supeditado a tener que contar con un automóvil. Si es un viaje corto o existen otros medios de transporte disponibles, lo ideal es priorizarlos, porque son ambientalmente mucho más sostenibles y, además, tienen efectos positivos adicionales, como la actividad física que uno realiza al caminar o andar en bicicleta”, señaló Mora.

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