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Exposición Museo Ciudadano Vicuña Mackenna

¿Cómo convivimos en una ciudad que crece hacia arriba? Una mirada interdisciplinaria al habitar en Estación Central

¿Cómo convivimos en una ciudad que crece hacia arriba?

Las torres de gran altura forman parte del paisaje cotidiano de Estación Central. Para quienes transitan por la comuna, sus fachadas, balcones, ventanas y muros pueden haberse convertido en una imagen habitual. Sin embargo, detrás de ese paisaje existe una diversidad de experiencias vinculadas a cómo las personas construyen hogar, establecen relaciones con sus vecinos y enfrentan las condiciones materiales de vivir en edificios que concentran a cientos de habitantes.

Es precisamente esa dimensión cotidiana la que busca abordar la exposición “¿Cómo convivimos en una ciudad que crece hacia arriba?”, una muestra que propone detener la mirada sobre un fenómeno urbano que, por su velocidad y magnitud, se ha convertido en uno de los casos más singulares de transformación territorial en Chile.

La exposición surge del trabajo conjunto de investigadores provenientes de distintas disciplinas y espacios académicos, y reúne materiales provenientes de tres proyectos de investigación financiados por ANID: Etnografías de la desposesión urbana en el Chile actual. Sujetos, territorios, resistencias; Verticalización precarizada. Formas, prácticas e impactos en las ciudades chilenas; y Nuevas formas del habitar precario. El estigma residencial como dispositivo afectivo.

Una de las figuras centrales detrás de esta iniciativa es Daniela Cea-Sáez, geógrafa, magíster en Hábitat Residencial y doctora en Territorio, Espacio y Sociedad por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile (FAU). Su trabajo se sitúa precisamente en la intersección entre geografía, estudios urbanos, vivienda y vida cotidiana, con especial interés en las formas en que las personas construyen hogar en contextos de precariedad, desigualdad y transformación territorial.

Daniela Cea-Sáez fue quien impulsó la presentación de este trabajo a la convocatoria del museo y forma parte del equipo curatorial de la exposición junto a Luis Campos Medina, Mónica Aubán Borrell, Loreto Rojas Symmes, Laura Viada Ferrari y Carlos Hevia Riera.

“Necesitamos hablar de convivencia porque convivir no es simplemente estar unos al lado de otros. Convivir tampoco es vivir siempre en armonía. La convivencia puede tomar la forma del encuentro, el cuidado y la compañía. Pero también puede manifestarse en el conflicto, el cansancio, la incomodidad y la necesidad de establecer una distancia.”, señaló en el evento de inauguración de la exposición.

El origen de la muestra se encuentra en investigaciones que venían desarrollándose previamente y que encontraron en la convocatoria una oportunidad para poner en diálogo distintos trabajos, disciplinas y aproximaciones a la ciudad.

La perspectiva de Cea-Sáez resulta especialmente relevante para esta propuesta porque desplaza la mirada desde la torre como objeto arquitectónico hacia las personas que viven en ellas y las prácticas mediante las cuales construyen su vida cotidiana. “La convivencia nunca está completamente resuelta. Se construye y se negocia todos los días, entre personas, espacios, objetos, necesidades y afectos.” 

Su aproximación permite preguntarse qué significa realmente habitar estos edificios: cómo se construye la idea de hogar en espacios reducidos, cómo se experimentan los vínculos con vecinos y desconocidos, cómo se negocia la intimidad y qué papel cumplen los espacios comunes, las calles, el comercio, el transporte y el entorno urbano.

La exposición busca justamente que esas experiencias no aparezcan como un dato secundario de la transformación urbana, sino como una dimensión central para comprenderla.

Estación Central: una transformación urbana sin precedentes

El caso de Estación Central constituye uno de los principales focos de la exposición. En un periodo relativamente breve, la comuna experimentó una transformación urbana de gran magnitud, marcada por la construcción de numerosas torres residenciales y el aumento acelerado de su población.

El alcalde de Estación Central, Felipe Muñoz Vallejos, destaca la particularidad de este proceso y la relevancia de generar espacios que permitan comprender sus consecuencias más allá de las cifras de crecimiento urbano. “El caso de Estación Central es un caso único en la historia de Chile, fueron más de 100 edificios que llegaron en un periodo muy breve, que fueron cinco o seis años, lo que hizo duplicar la cantidad de habitantes de esta comuna muy rápido”, señaló.

Para el jefe comunal, ese crecimiento acelerado ha generado consecuencias que abarcan distintos ámbitos de la vida urbana. “Eso nos trae una serie de consecuencias en términos de equipamiento, en términos de la sanitaria”, explica.

Pero, a su juicio, existe también una dimensión menos visible que resulta fundamental abordar: lo que ocurre cotidianamente dentro de los edificios y en la relación entre quienes los habitan. “Todo lo que se vive dentro del edificio en estos momentos tiene un gran valor”, sostiene Muñoz, quien valora que la exposición permita acercarse a esa dimensión del fenómeno.

“Estamos muy contentos de poder presenciar esta obra, que más personas vayan, puedan venir a conocer la realidad de la participación en Estación Central”, agregó. Para el alcalde, esta discusión adquiere además particular relevancia en el contexto del debate actual sobre las normas que regulan el crecimiento urbano y la densificación.

“Hoy día se está planteando poder hacer un cambio a la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones, que podría cimentar el espacio para que otras comunas también puedan aumentar en cantidad de habitantes y edificios”, planteó. En ese escenario, considera fundamental generar espacios que contribuyan a formar una opinión pública informada sobre las consecuencias de las decisiones urbanas. “Creemos que es muy importante, pues, en estos momentos, crear conciencia”, sostuvo.

En este punto adquiere especial relevancia el trabajo desarrollado por el Instituto de la Vivienda (INVI) institución que cuenta con una larga trayectoria de investigación sobre vivienda, territorio y modos de habitar. Luis Campos Medina, académico del INVI y participante de la muestra, explica que la iniciativa surgió desde una colaboración previa entre investigadores vinculados a distintos proyectos.

“La idea de presentarnos a la convocatoria del Museo fue de Daniela. Y Daniela formaba parte del equipo de Fondecyt que yo lideraba”, explicó. A partir de esos vínculos, la convocatoria permitió articular un trabajo colectivo e interdisciplinario.

“Se nos ocurrió que la convocatoria captaba las temáticas que eran de nuestro interés y podríamos hacer un experimento como colectivo y colaborativo que nos llamó la atención. Y por eso decidimos convocar a todas estas personas”, señaló

Para Campos, la participación del INVI responde directamente a una de las preguntas que históricamente ha orientado el trabajo del instituto: cómo habitan las personas y cómo se construye la vida cotidiana en los distintos espacios residenciales. “Yo creo que el INVI tiene una tradición de hacerse preguntas relevantes sobre los modos de habitar”.

En esa perspectiva, la vivienda no puede ser entendida solamente como una unidad física. “La idea de vivienda es un poco tramposa. Lo que tratamos de preguntar es sobre el hábitat, sobre los distintos modos de habitar”, explicó. 

Esto implica observar qué ocurre con las relaciones sociales y las prácticas cotidianas en el contexto de la construcción vertical de la ciudad. “No atender a lo que está pasando en términos de construcción vertical de ciudad, lo que está ocurriendo en términos de convivencia, cohabitación en esos espacios. Es súper complejo”.

Por eso, el académico considera que una de las tareas de la investigación universitaria es precisamente construir relatos que permitan comprender esas experiencias. “En el Instituto de la Vivienda, que se pregunta por los modos de habitar, tenemos que intentar ofrecer relatos de lo que ocurre en estos lugares”, afirma.

Uno de los elementos centrales de la exposición son precisamente los testimonios de residentes de Estación Central. Las voces recogidas durante el trabajo de investigación muestran que no existe una única experiencia de vivir en las torres.

Una persona describe los edificios como “nuestra cordillera”. Otra cuenta cómo debió adaptar el espacio doméstico a las dimensiones de su departamento. También aparecen relatos sobre los ruidos que atraviesan los muros, las largas esperas en los ascensores, la ausencia de áreas verdes y los problemas para que los niños puedan jugar.

Pero las experiencias también tienen dimensiones positivas: la cercanía al Metro, la facilidad para desplazarse, la presencia de comercio y la sensación de seguridad que, para algunos residentes, genera vivir en un lugar donde siempre hay personas alrededor.

La propuesta curatorial evita presentar la vida en las torres como una experiencia exclusivamente positiva o negativa. El texto de inauguración señala que los testimonios hablan de “cercanía y distancia, de apego y cansancio, de protección e incomodidad” y muestran que un lugar puede ser querido y, al mismo tiempo, volverse difícil de habitar.

Esta diversidad de experiencias conecta directamente con el trabajo de Cea-Sáez y con una aproximación al territorio que busca comprender la ciudad desde quienes la viven. La exposición no pretende entregar una respuesta cerrada sobre la verticalización, sino poner en evidencia las contradicciones y matices que aparecen cuando cientos de personas comparten espacios reducidos, servicios, circulaciones y entornos urbanos.

Una exposición construida entre disciplinas e instituciones

La propia forma en que fue producida la muestra refleja la perspectiva que propone. El proceso curatorial fue entendido como un ejercicio de convivencia entre disciplinas, trayectorias y maneras diferentes de observar la ciudad.

“Esta exposición no pertenece a una sola voz. Es el resultado de una conversación entre personas, disciplinas, imágenes, objetos y distintas formas de aproximarse a la ciudad”,señaló Daniela Cea-Saéz.

En el montaje confluyen fotografías, collages, planos, videos, objetos y la reproducción de un departamento, elementos que fueron organizados para generar relaciones entre distintas escalas y formas de representación. Carlos Hevia Riera, integrante del equipo curatorial, estuvo a cargo del diseño del montaje.

"La muestra se construyó gradualmente con los elementos de las investigaciones que le dan su marco de acción inicial, y también responde a una forma de intervenir el espacio propio del museo. Con la planta tipo de uno de los edificios propusimos que en un rinconcito hay vida. El sillón, la alfombra, la TV lo muestran. Algunas cosas salen al exterior —el tendedero de ropa, el choapino (el pisa pies de la entrada)— así aparecen rastros de que alguien vive ahí, en su refugio, cuya vista es esa densidad monumental de departamentos", detalló Carlos Hevia, arquitecto y magíster en Hábitat Residencial de la FAU.

Así, el proyecto reúne la investigación académica del INVI y la FAU con aportes provenientes de otras disciplinas e instituciones, demostrando que fenómenos urbanos complejos como la verticalización requieren ser observados desde múltiples perspectivas. La arquitectura, la geografía, los estudios urbanos, las ciencias sociales, la fotografía y las artes se encuentran en esta muestra para construir una mirada común sobre el habitar.

El caso de Estación Central también adquiere relevancia en el debate sobre regulación urbana y densificación. Pero mientras la discusión pública suele concentrarse en el número de edificios, la altura, la densidad o la infraestructura, la exposición propone incorporar otra escala: la de la experiencia cotidiana.

Ese es uno de los principales aportes del trabajo impulsado por Daniela Cea-Sáez y desarrollado junto a investigadores del INVI y otras instituciones: recordar que detrás de las transformaciones territoriales existen personas que deben adaptar sus rutinas, sus relaciones y sus expectativas a nuevos modos de habitar.

La pregunta que queda abierta en uno de los muros de la muestra sintetiza ese desafío: ¿Cómo convivimos en una ciudad que crece hacia arriba?

No hay una única respuesta. Como plantea el equipo curatorial, la convivencia se construye y se negocia cotidianamente entre personas, espacios, objetos, necesidades y afectos.

En ese sentido, el aporte de esta exposición está también en conectar investigación y experiencia, universidad y territorio, disciplinas y ciudadanía. Desde la FAU y el INVI, la muestra abre un espacio para observar Estación Central no solo como un caso de densificación urbana, sino como un territorio habitado, donde las grandes transformaciones de la ciudad se expresan finalmente en la vida cotidiana de quienes la construyen y la viven.

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