El pasado miércoles 16 de junio, la Facultad de Arquitectura y Urbanismo (FAU) fue escenario de la conferencia “Geografía del desecho y economía circular”, instancia que reunió a especialistas nacionales e internacionales para reflexionar respecto a los desafíos ambientales, sociales, políticos y territoriales asociados a la gestión de residuos.
La actividad fue organizada por la académica del Departamento de Geografía, Beatriz Bustos, en colaboración con el Magíster de Geografía y el Doctorado en Territorio Espacio y Sociedad de la Escuela de Postgrado FAU. La instancia contó con la participación de Mathieu Durand, académico de la Universidad de Le Mans; Paz Concha, investigadora de la Universidad Central; y Karymy Negrete, académica de la Universidad Católica Silva Henríquez.
El encuentro se articuló bajo la pregunta ¿puede la economía circular ser una política justa o está estructuralmente orientada a sostener el modelo de consumo que produce desechos? Para abordar esta reflexión, el conversatorio se organizó en tres ejes temáticos: Geografía del desecho: territorio, desigualdad y actores; Valor, reparación y prácticas cotidianas de circularidad; Política pública, regulación y los límites del modelo.
En la conferencia, las y los expositores señalaron que la economía circular debe entenderse más que como una solución al problema de los residuos. Es necesario preguntarse quiénes asumen los costos de los desechos y quiénes se benefician de su valorización. En este sentido, se destacó que la distribución territorial de los residuos suele reproducir desigualdades sociales y espaciales, concentrando impactos ambientales en comunidades más vulnerables. Ejemplos como Alto Hospicio, Tiltil o las islas menores de Chiloé fueron mencionados como territorios donde la gestión de residuos evidencia brechas de infraestructura y capacidad institucional.
Por otro lado, uno de los puntos principales del debate fue el papel que desempeñan los actores históricamente vinculados a prácticas de reutilización y reparación. Paz Concha señaló que gran parte de la circularidad existente en América Latina ha sido sostenida durante décadas por recicladores de base, costureras, organizaciones comunitarias y emprendimientos locales, mucho antes de que el concepto de economía circular fuera conocido.
En la misma línea, Mathieu Durand planteó que las desigualdades constituyen una dimensión estructural de los sistemas de gestión de residuos a nivel global. A partir de experiencias comparadas entre América Latina y Europa, explicó que las infraestructuras destinadas al tratamiento de residuos suelen localizarse en sectores con menor capacidad de incidencia política, reproduciendo patrones de desigualdad territorial. Asimismo, enfatizó que las personas con menores recursos cumplen un rol fundamental en la recuperación, reutilización y reciclaje de materiales, aunque frecuentemente sin reconocimiento ni condiciones adecuadas.
"Creo que el tema de la desigualdad hay que caracterizarlo, hacer mapas y contar con datos cuantitativos para medir este fenómeno. También es fundamental entender por qué llegamos a esta situación y cuál es la lógica de estructuración del espacio. Nunca es buena una política deliberada de poner la basura al lado de la población más vulnerable, pero siempre es el resultado de intentar proteger a alguna parte de la población que tiene más recursos financieros”, señaló Durand. De igual forma, agregó que existe otra parte que es muy importante que se denomina desigualdad ecológica, es decir, hay un vínculo fuerte entre el nivel de vida y la producción de residuos.
Asimismo, Paz Concha señaló que la distribución territorial de los desechos responde a geografías específicas de desigualdad que provocan su concentración en territorios que presentan condiciones que los vuelven más propicios para la acumulación. Entre las condiciones se encuentra la infraestructura logística, vacíos regulatorios y una menor capacidad de resistencia política. A ello se suman situaciones de vulnerabilidad estructural en algunos territorios, lo que dificulta respuestas más contundentes frente a la proliferación de desechos.
Por otro lado, Karymy Negrete abordó los desafíos de la implementación de políticas públicas como la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) y la Hoja de Ruta para un Chile Circular al 2040. Desde su experiencia en el Ministerio de Economía y la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO) en el diseño e implementación de instrumentos públicos, observó que gran parte de las normativas se inspiran en modelos europeos que no siempre representan las realidades territoriales de Chile. En ese contexto, señaló que uno de los desafíos es evitar que la economía circular se limite a una estrategia de gestión de residuos o a la generación de negocios, sin abordar los patrones de producción y consumo que originan el problema.
La conversación también abordó las tensiones entre crecimiento económico y sostenibilidad. En este sentido, los expositores concordaron que difícilmente la circularidad podrá cerrar los ciclos materiales mientras continúen los modelos de sobreproducción y sobreconsumo. En consecuencia, la economía circular aparece como un espacio en el que convergen intereses económicos, ambientales y sociales.
Finalmente, la instancia concluyó destacando la relevancia de fortalecer el diálogo entre academia, políticas públicas y actores territoriales para converger en formas más sostenibles de gestionar los residuos.

