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Fernando Marín: liderazgo gremial para enfrentar los nuevos desafíos de la arquitectura chilena

Fernando Marín: liderazgo gremial para enfrentar los nuevos desafíos

Fernando Marín es arquitecto titulado de la Universidad de Chile, socio de MAO Arquitectos y con más de tres décadas de trayectoria profesional. Recientemente asumió la presidencia de la Asociación de Oficinas de Arquitectos (AOA), cargo desde el que buscará impulsar el desarrollo del gremio y fortalecer el aporte de la arquitectura a los desafíos urbanos, sociales y ambientales del país.

Su experiencia combina el ejercicio profesional, la docencia universitaria y una activa participación gremial, habiendo desempeñado cargos directivos tanto en la AOA como en el Colegio de Arquitectos de Chile, además de liderar iniciativas como la XIX Bienal de Arquitectura de Chile y proyectos de proyección internacional de la arquitectura nacional.

En esta entrevista , el arquitecto nos entrega su visión acerca de las proyecciones de la AOA, la arquitectura en Chile y  los desafíos de los futuros arquitectos. 

Usted ha señalado que busca una AOA más incidente y preparada para el futuro. ¿Cuáles cree que serán los principales desafíos que deberá enfrentar la Asociación de Oficinas de Arquitectos en los próximos años para fortalecer la influencia de la arquitectura en las decisiones públicas?

 - Creo que el principal desafío de la AOA será fortalecer la capacidad de incidencia que ha alcanzado, en un contexto donde las decisiones que moldean nuestras ciudades ya no se toman únicamente desde la arquitectura. Hoy convergen factores económicos, ambientales, sociales, tecnológicos y regulatorios que exigen una participación más activa de nuestro gremio en la discusión pública.

La AOA debe consolidarse como una institución capaz de aportar no solo miradas a veces un poco idealizadas de ciudad y territorio, sino que entregar evidencia, experiencia técnica y propuestas concretas en materias como vivienda, infraestructura, planificación territorial, adaptación a nuestra particular geografía y condiciones naturales, así como también a una urgente modernización regulatoria.

Al mismo tiempo, debemos prepararnos para transformaciones profundas derivadas de la digitalización, la inteligencia artificial y los nuevos modelos de desarrollo urbano. Más que reaccionar frente a los cambios, la Asociación debe anticiparlos, generando espacios de reflexión y propuestas que permitan que la arquitectura siga siendo un actor relevante en la construcción de mejores ciudades y territorios para las próximas décadas.

Chile enfrenta importantes desafíos urbanos, habitacionales y ambientales. ¿Cuál considera que es hoy la principal deuda del país en materia de arquitectura y ciudad, y qué rol deberían asumir los arquitectos para abordarla?

A mi juicio, la principal deuda del país sigue siendo la dificultad para construir una visión integrada de ciudad y territorio. Durante años hemos abordado la planificación y los problemas de vivienda, transporte, equipamiento, espacio público e infraestructura como temas separados, cuando en realidad forman parte de un mismo sistema que es el hábitat donde se desarrolla gran parte de la vida. Esto ha generado ciudades fragmentadas y segregadas, más extensas, mayores tiempos de desplazamiento y oportunidades desigualmente distribuidas.

La arquitectura tiene un rol fundamental en revertir esta situación porque posee la capacidad de conectar escalas, desde el edificio hasta el territorio. Pocos dimensionan el "superpoder" que representa esa capacidad. Por lo mismo, los arquitectos debemos asumir una participación más activa en la formulación de políticas públicas, aportando una mirada que combine calidad urbana, sostenibilidad, viabilidad económica y bienestar de las personas.

El desafío es contribuir a que nuestro ejercicio profesional apunte a conformar una mejor calidad de vida. Es decir, comprender que todo proyecto en el que nos toque participar, aunque sea un encargo privado, pasa a ser un volumen que define, para bien o para mal, la calidad del espacio público. Por lo mismo, los arquitectos no podemos ser reactivos frente a decisiones que muchas veces son tomadas con más énfasis en las próximas elecciones que en una propuesta fundamentada y orientada a alcanzar ciudades más integradas, accesibles y resilientes.

Como arquitecto de la Universidad de Chile, ¿qué elementos de esa formación marcaron su trayectoria profesional y qué cree que sigue aportando hoy la FAU a la arquitectura y al debate sobre las ciudades en el país?

Mi paso por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile me dejó una convicción que ha acompañado toda mi trayectoria profesional, y es que la arquitectura es una disciplina que debe comprender la complejidad de la realidad antes de intentar transformarla, entender el encargo y diseccionarlo en sus variables. La formación recibida me enseñó a observar los fenómenos urbanos, sociales y territoriales de manera crítica, entendiendo que detrás de cada proyecto existen dimensiones culturales, económicas y humanas que deben ser consideradas.

Esa capacidad de análisis sigue siendo uno de los mayores aportes de la FAU al país. Más allá de formar profesionales competentes, la Facultad ha contribuido históricamente al debate sobre vivienda, planificación urbana, patrimonio, espacio público y desarrollo territorial. En un escenario cada vez más complejo, considero que sigue siendo un espacio fundamental para producir conocimiento, promover pensamiento crítico y aportar a la discusión sobre el futuro de nuestras ciudades, entendidas como fenómenos complejos donde nuestras acciones constituyen una parte relevante de su transformación.

Las y los estudiantes de arquitectura se están formando en un contexto marcado por la inteligencia artificial, la crisis climática y la transformación de las ciudades. ¿Qué competencias considera fundamentales para que las nuevas generaciones de arquitectos puedan desenvolverse con éxito en este escenario?

La formación disciplinar seguirá siendo indispensable, pero ya no será suficiente por sí sola. Las nuevas generaciones deben desarrollar una alta capacidad para trabajar en entornos interdisciplinarios, comprender y trabajar con datos, incorporar herramientas digitales avanzadas y utilizar la inteligencia artificial como una herramienta que amplía sus capacidades, pero nunca como un sustituto de su criterio profesional. A ello se suma la necesidad de comprender los efectos de los cambios demográficos y sociales sobre las ciudades y los territorios, integrando criterios de eficiencia y sostenibilidad desde las primeras etapas de diseño y entendiendo que las soluciones del siglo XX difícilmente responderán a los desafíos del siglo XXI.

Sin embargo, creo que la competencia más importante seguirá siendo la capacidad de comprender problemas complejos, ponderar las variables de un proyecto y formular las preguntas correctas. La tecnología sin duda puede ayudarnos a producir respuestas con enorme rapidez, pero identificar correctamente los desafíos, comprender al usuario directo e indirecto, anticipar escenarios y tendencias, y proyectar o planificar de acuerdo con ello, seguirá siendo una tarea profundamente humana.

La arquitectura tiene una enorme fortaleza en este ámbito porque históricamente ha debido integrar variables sociales, técnicas, económicas, ambientales y culturales para transformarlas en propuestas concretas.

Muchos estudiantes observan con preocupación un mercado laboral cada vez más competitivo y cambiante. ¿Qué mensaje le daría a las y los estudiantes de Arquitectura de la Universidad de Chile respecto de las oportunidades y desafíos que enfrentarán al iniciar su vida profesional?

A los estudiantes de Arquitectura de la Universidad de Chile les diría que probablemente ingresarán a una profesión distinta de la que conocimos quienes nos formamos hace algunas décadas. Muchas tareas serán automatizadas, surgirán nuevas herramientas y aparecerán campos de desarrollo profesional que hoy todavía estamos comenzando a descubrir. Lejos de verlo con preocupación, creo que es una oportunidad extraordinaria para ampliar el alcance de la arquitectura.

La sociedad necesita profesionales capaces de liderar equipos diversos, gestionar complejidad, ponderar variables, comprender territorios y articular soluciones para problemas que trascienden el diseño de edificios. Mi recomendación sería que mantengan siempre la curiosidad intelectual, que amplíen sus conocimientos hacia ámbitos como la tecnología, la gestión, la economía, el medio ambiente y las políticas públicas, sin perder la sensibilidad que caracteriza a nuestra disciplina. Quienes logren combinar una sólida formación arquitectónica con una mirada amplia del mundo encontrarán oportunidades en espacios que tradicionalmente ni siquiera eran considerados parte del ejercicio profesional del arquitecto.

También les diría que aprendan a dialogar con quienes toman decisiones. Muchas veces los arquitectos creemos que basta con tener una buena propuesta técnica, cuando la realidad demuestra que las transformaciones relevantes ocurren cuando somos capaces de construir acuerdos, comunicar nuestras ideas y participar activamente en los espacios donde se definen las políticas públicas, las inversiones y el desarrollo de los territorios.

La arquitectura seguirá necesitando buenos proyectistas, pero también requerirá cada vez más profesionales capaces de liderar procesos y contribuir a la toma de decisiones que afectan la vida de las personas.

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