Arquitecta de la Universidad de Chile, doctora en Tecnología de la Arquitectura con mención en Recuperación y Valorización del Patrimonio Cultural por la Universidad de Florencia y diplomada en Gestión de Riesgos del Patrimonio Cultural del programa LATAM-ICCROM, la académica Natalia Jorquera ha dedicado más de dos décadas al estudio, restauración y puesta en valor del patrimonio arquitectónico chileno, especialmente el construido en tierra.
Natalia Jorquera también es Directora de Arquitika, una oficina de arquitectura y consultora de estudios patrimoniales con sede en La Serena, Chile, fundada en el año 2019.

Durante una conferencia magistral titulada “Intervención en dos monumentos históricos del norte de Chile: desafíos técnicos y de gestión”, la académica compartió dos experiencias que reflejan no solo la complejidad técnica de conservar el patrimonio, sino también las dificultades cotidianas que enfrentan quienes trabajan por rescatarlo.
Restaurar contra el abandono
Uno de los proyectos presentados fue la recuperación de la Casa Herreros, un inmueble de adobe construido hacia 1860 y ubicado en pleno centro histórico de La Serena. Cuando Jorquera conoció el edificio, el inmueble estaba abandonado, con daños estructurales severos y piezas patrimoniales siendo robadas ante la vista pública.
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“La mayoría de los monumentos históricos que pertenecen a privados en Chile están abandonados, se están cayendo”, señaló durante su exposición. “Las personas simplemente esperan que las cosas se caigan”.
La académica decidió entonces impulsar un “autoencargo”: localizar a los propietarios, convencerlos de restaurar el inmueble, gestionar permisos, postular financiamiento y finalmente ejecutar las obras. Todo ello en medio de un complejo entramado administrativo que incluía autorizaciones del Consejo de Monumentos Nacionales, permisos municipales y postulaciones al Fondo del Patrimonio.
El proyecto permitió recuperar fachadas, reforzar muros de adobe, reinstalar sistemas de evacuación de aguas lluvia y restaurar elementos ornamentales originales de madera. Pero también abrió espacio para la investigación histórica y material: durante las obras aparecieron pinturas murales originales y restos de fibras de guanaco utilizadas en antiguos estucos, hallazgo que aportó nuevas pistas sobre las técnicas constructivas regionales del siglo XIX.
Más allá de la recuperación física del inmueble, Jorquera destacó el impacto urbano y social que tuvo la intervención. La restauración generó interés ciudadano, talleres abiertos y capacitación en oficios tradicionales, además de devolver vitalidad a una zona deteriorada del centro histórico serenense.
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Patrimonio vivo en el desierto
La segunda experiencia abordada por la académica se desarrolló en el norte de la Región de Antofagasta, específicamente en el Pucará de Turi, un importante asentamiento prehispánico atacameño ubicado en el Loa Superior y vinculado al Qhapaq Ñan, el sistema vial andino declarado Patrimonio Mundial.

Allí, el desafío no solo era técnico, sino también territorial y cultural. El proyecto incluyó limpieza de accesos, levantamientos arquitectónicos, propuestas de conservación y trabajo directo con la comunidad indígena atacameña de Ayquina-Turi-Paniri, custodios históricos del sitio.
“La verdad es que como tienen estructuras arquitectónicas, muchas veces los arqueólogos se encuentran con desafíos que ellos no saben manejar desde el punto de vista estructural”, explicó Jorquera, destacando la necesidad de incorporar arquitectos especializados en patrimonio a este tipo de sitios.

El trabajo requirió diseñar metodologías inéditas para representar gráficamente estructuras de piedra en permanente transformación, identificar riesgos de colapso y proponer intervenciones mínimas compatibles con la fragilidad del lugar.
Pero quizás uno de los aspectos más relevantes fue el enfoque colaborativo. El proyecto integró saberes locales, rituales tradicionales y procesos participativos con la comunidad atacameña, evidenciando una mirada del patrimonio no solo como objeto material, sino como territorio vivo y memoria colectiva.
Una trayectoria reconocida
La labor de Natalia Jorquera Silva ha sido reconocida en distintos espacios nacionales. En 2023 recibió el Premio Manuel Moreno del Colegio de Arquitectos de Chile por su aporte a la valoración del patrimonio arquitectónico; en 2024 fue distinguida por el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación con el reconocimiento “Mujeres del Conocimiento en Nuestras Regiones”; y en 2025 fue destacada por el programa InES Género de ANID.

Desde la academia, la investigación y el trabajo en terreno, la profesora de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile ha impulsado una forma de conservación patrimonial que combina conocimiento técnico, gestión pública y compromiso con las comunidades.

