El Departamento de Arquitectura dio inicio a su tercer ciclo de charlas este 24 de abril bajo la premisa de "Mirarnos entre nosotros", centrando la mirada en logros reconocidos de arquitectos egresados y académicos de la Universidad de Chile en su ejercicio profesional.
El encargado de abrir este ciclo fue Guillermo Hevia -con una presentación titulada "Cinco Galpones"- pionero en lo que hoy se denomina la "arquitectura industrial". Acompañado por el Director del Departamento, Prof. Rodrigo Chauriye, y presentado por el académico Prof. Enrique Walker, Hevia realizó un recorrido por obras icónicas que han redefinido las obras productivas de Chile.
El ciclo comprende las charlas de los destacados arquitectos Benjamín Opotot y Maurizio Angelini el 08 de mayo, Daniel Lazo el 29 del mismo mes, Martín Schmidt el 05 de junio y durante el mismo mes el día 19, Rodrigo Valenzuela, y el día 26, Marcela Puga.
Partiendo por casa
En la charla de inauguración el Prof. Rodrigo Chauriye dio la bienvenida subrayando la importancia de que los estudiantes reconozcan el potencial que existe dentro de la propia facultad. Para el Director, este ciclo busca desmitificar el camino profesional y mostrar que la excelencia arquitectónica es alcanzable tras egresar de estas aulas. "Quisimos partir por casa. Antes de traer grandes figuras internacionales, veamos cómo estamos nosotros. Queremos mostrarles a los estudiantes que se puede tener una oficina, se puede hacer arquitectura y se puede construir obra de calidad reconocida saliendo de esta Facultad", afirmó Rodrigo Chauriye.
La presentación de Guillermo Hevia estuvo a cargo del académico Enrique Walker, quien recordó cómo el trabajo de Hevia en los años ´90 cambió su percepción sobre la profesión. Walker destacó la capacidad de Hevia para tomar encargos que tradicionalmente no se consideraban "arquitectónicos", como naves industriales o plantas de tratamiento y convertirlos en piezas fundamentales de la disciplina.
"La aspiración mayor que puede tener un arquitecto es, además de producir muy buena obra, la de poder transformar en un problema de arquitectura un asunto que inmediatamente antes no formaba parte enteramente de nuestra disciplina", señaló Enrique Walker, comparando el impacto de Hevia con el surgimiento de la arquitectura de vanguardia inglesa.
Los "Cinco Galpones" y la sostenibilidad
En su charla Guillermo Hevia relató cómo su carrera se forjó en la práctica real desde sus años de estudiante. En 1983, encontró un nicho en la industria, un campo dominado entonces por ingenieros donde la arquitectura se limitaba a soluciones genéricas de zinc.
Hevia expuso casos emblemáticos como la planta de Cristalerías de Chile en Llaillay y el complejo Carozzi tras su incendio en 2010. En ambos, la arquitectura fue la herramienta para resolver problemas extremos de temperatura, ruido y eficiencia energética mediante el uso de bioclimática y sistemas pasivos de ventilación.

"Se abrió un mundo insospechado de conjugar distintas disciplinas con el diseño. Entendí cada proyecto, por irrelevante o genérico que pudiera parecer, como una gran oportunidad. Los espacios industriales son hoy de los espacios más notables de la arquitectura, donde los usuarios muchas veces no son personas, sino máquinas o materias primas", explicó Guillermo Hevia.
La charla abordó también un análisis del Observatorio Vera Rubin, un proyecto de alta complejidad técnica en el Cerro Pachón, donde Hevia demostró que la arquitectura industrial puede alcanzar niveles de "palacio" tecnológico, integrándose armónicamente con el entorno y la identidad corporativa. Guillermo Hevia fue el único arquitecto en participar en un proyecto de esta magnitud tras ganar un concurso internacional en 2009, reveló que el edificio es una proeza de precisión técnica.
"Si les hablé de que había 30 millones de dólares para el edificio, el resto de los 700 millones es ciencia, ingeniería, estudios y análisis. Es, posiblemente, el proyecto de ciencia más importante de la humanidad", destacó Hevia.

El arquitecto describió la "salvajada" técnica que alberga el recinto: una cámara fotográfica de 3.200 megapíxeles que pesa 4 toneladas y un espejo de 8,4 metros de diámetro. La logística para subir este espejo a 2.800 metros de altura fue un hito: "Pasábamos al límite en todas partes. Ver cómo el camión hace el giro, ingresa en marcha atrás para encapsular el espejo y luego subirlo a la cúpula mediante un ascensor montacarga... ahí la ingeniería es determinante".
El edificio no solo es funcional, sino que su diseño facetado en capas fue una respuesta climática: "Nos dimos cuenta con los ingenieros que, al estar facetado, el edificio tenía menos presión a los vientos y evitaba la acumulación de hielo". Con sólo dos meses de operación, el telescopio ya descubrió 103 galaxias nuevas en su primer día.
Para cerrar, Hevia presentó el edificio Floramatic, una planta de colorantes y saborizantes en la zona de Enea. Ante el pedido de un "galpón icónico", el arquitecto propuso una estructura circular de hormigón que rompe con la monotonía industrial de la zona. "La seguridad y el ambiente agresivo de Pudahuel nos llevaron a crear un anillo hermético hacia el exterior, pero con una plaza de encuentro de 35 metros de diámetro en el centro, absolutamente transparente", explicó el arquitecto.

Hevia relató con humor cómo convenció a los mandantes españoles de la forma circular: "Les dije que era como una plaza de toros. Resulta que al dueño le encantaba la tauromaquia y se compró la idea de inmediato". Más allá de la anécdota, el edificio destaca por su puente central que alberga laboratorios asépticos donde se desarrollan desde dulces hasta aromas de empanadas.
"En cada proyecto ha habido aciertos y equivocaciones, pero siempre una búsqueda permanente de enfrentar cada tema como una gran oportunidad, por irrelevante que parezca", concluyó Guillermo Hevia ante un auditorio repleto.

